20 de julio de 2018

El principio de resiliencia

Hace ya unos meses, me encontré con el principio de resiliencia y como aplicarla.


Este principio dice que tenemos una capacidad de adaptación positiva para afrontar las situaciones adversas. He de reconocer que suelo tender a la negatividad fácil y de manera automática, por lo tanto, la aplicación me ha resultado muy buena y me ha dado resultados inmediatos.

El activar y realizar este principio nos lleva a dar un giro total a situaciones que tienen un grave riesgo de que el resultado sea negativo.

Existen tres focos o modelos a seguir:

  • Compensatorio: cuando se habla de factores que son estresantes y que pueden ser contrarrestados por cualidades personales o fuentes de apoyo.
  • Inmunidad: la línea que separa el estrés y la protección es modulable en base a la adaptación. Cuanto mejor nos adaptemos menor es el riesgo.
  • Desafío: cuando tratamos el estrés como estimulante de competencia. Existe una relación curvilínea que debemos de controlar en base a esta competencia y la bajamos en base a lo que queremos conseguir.

La mejor manera de reducir el impacto de riesgo es que la persona altera el significado del mismo, modificando la participación en la situación o reducir las situaciones negativas que se pueden producir en cadena y que nos introducen en el riesgo de perpetuar los efectos del problema.

Esto, unido a que debemos de mantener la autoestima y la autoeficacia hace que las experiencias o momentos clave de una persona se desarrollen en entornos adaptativos y marquen continuidad en la trayectoria vital.

Por mi parte, os puedo decir, que aprendiendo a dar giros de 180 grados frente las adversidades y tomárselas como retos, la perspectiva cambia muchísimo. He conseguido llegar a casa con la mente más descansada y el nivel de estrés a descendido drásticamente y he podido comprobar que las decisiones tomadas son mucho más rápidas y ágiles.

Resumiendo y para que tengamos todos la misma idea, las personas resilientes son aquellas que están expuestas a una serie de factores de riesgo y tienen la capacidad de utilizar focos o modelos “protectores” que sirven para sobreponerse a la adversidad, crecer y desarrollarse adecuadamente, llegando a obtener una madurez  rápida y competente pese a las adversidades.

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