Hoy es un día triste para mí. Hoy es el día en el que mi maestro y por supuesto, amigo, ha dejado de pertenecer a mi entorno profesional.


A él le debo todo lo que soy, enseñándome a crecer profesional y personalmente durante estos tres años y pico y sobre todo a ser el tester que soy ahora. 

Que lejos quedan esos comienzos en la calle Alcalá, donde después de mi andadura por el mundo de Microsoft, comencé en el testing de software. Éramos un equipo de tres personas y gracias a la manera de trabajar que introdujo el proyecto, este salió adelante y afianzó una manera de trabajar que, ahora yo, llevo a la práctica hasta el día de hoy con resultados excelentes y satisfactorios en todos los proyectos que me he embarcado. 

Durante todo este tiempo, a diario, podía aprender algo nuevo, podía poner en práctica una forma de trabajar única y podía absorber todos los conocimientos que me daba. Recuerdo cada uno de sus consejos, cada una de sus reprimendas, con su correspondiente ayuda para realizarlo correctamente, recuerdo prácticamente cada instante en todos los proyectos que nos hemos embarcado juntos y podría escribir un libro recordando la cantidad de buenos y malos momentos que hemos pasado y que con dos cojones hemos sabido lidiar y tirar hacia adelante. Todavía estoy por ver algún proyecto que no ha sido 100% satisfactorio y en el que no nos han aplaudido o alabado por el trabajo realizado.

Ahora el camino profesional se ha separado, pero por fortuna, queda una gran amistad y una infinidad de quedadas para recordar todos esos momentos.

Te debo toda una vida de rondas de cervezas y de tapas en el pinocho ;) y solo puedo decirte una cosa:
GRACIAS.